Carrera profesional | Testimonios

Desarrollo de productos

Andreas S. es uno de los veteranos de K-fee en Bergisch Gladbach y es uno de los cinco desarrolladores de productos.

Cuando lo atípico se convierte en típico

Andreas S. es uno de los veteranos de K-fee en Bergisch Gladbach y es uno de los cinco desarrolladores de productos. Incluso antes de que la filial se pusiera en marcha en 2008, sentó las bases de las exitosas especialidades de café en cápsula junto con sus colegas, en aquel entonces todavía en Krüger.

Sr. S., lleva ya 19 años en KRÜGER GROUP. ¿Recuerda todavía cómo empezó?

Era panadero de profesión, pero aquello resultaba comparativamente monótono y buscaba un empleo con perspectivas y variedad. Así fue como llegué a Krüger, me formé como técnico especialista en tecnología de los alimentos y pronto encontré mi camino en el desarrollo de productos. El capuchino, los cacaos y los productos instantáneos eran mi especialidad, por lo que también estuve presente desde el principio en el lanzamiento de K-fee.

«Conseguir el mejor sabor en un formato de cápsula pequeño es siempre un reto apasionante para mí».

¿Cómo es el trabajo en el departamento de desarrollo de productos? ¿Tiene usted una rutina diaria típica?

Lo único típico, en el sentido de que se repite a diario, es empezar el día con una taza de café con leche para poner en marcha el motor. A partir de ahí, no hay dos días iguales.

Mezclamos nuevos productos y los catamos, probamos mezclas por encargo de clientes, aclaramos la viabilidad de nuevas recetas con el departamento de ingeniería de procesos, nos coordinamos en cuanto al material de embalaje, fabricamos prototipos de cápsulas que comprobamos en cuanto a funcionalidad y propiedades sensoriales, probamos y catamos… hay que tener en cuenta muchas cosas diferentes hasta que un producto llega finalmente al mercado.

¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

Simplemente disfruto de la variedad y de la buena colaboración con tantos otros departamentos. A veces hay mucho ajetreo, pero siempre logramos un buen resultado. Y cuando estoy de vacaciones en el extranjero, me gusta ver si encuentro nuestros productos en el supermercado. Eso me hace sentir un poco orgulloso.

¿Y en qué aspecto de su trabajo llega a perder la noción del tiempo?

En la gran precisión con la que trabajamos. Cuando los consumidores se preparan un café instantáneo, pueden añadir fácilmente una cucharada más si les parece demasiado suave. Lo mismo ocurre con el capuchino o el cacao de bote. Pero los productos en cápsula deben ser siempre perfectos en su justa medida. Al fin y al cabo, el cliente no tiene oportunidad de añadir nada más. Por eso debemos trabajar con esmero y comprobar con exactitud cómo introducir el mejor sabor en este formato tan pequeño. Es un reto apasionante, prácticamente la esencia de nuestro trabajo. Y en eso sí que puedo llegar a abstraerme por completo.

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